Alimentación en el embarazo

La alimentación en el embarazo está influenciada por diversos cambios hormonales y unas necesidades nutricionales específicas. Los cuidados que las mujeres requieren en esta etapa de la vida deben comenzarse a llevar a cabo, incluso, desde la fase previa al embarazo, donde la alimentación ha de ser lo suficientemente adecuada para que el peso requerido sea el recomendado en cada mujer, en el momento de quedarse encinta.

Durante el período de estado gestacional, por tanto, cada etapa debe ser minuciosamente cuidada. El primer cambio que se experimenta para atender a las necesidades de alimentación en el embarazo, es el enlentecimiento del proceso de digestión; este hecho demanda un mayor tiempo de permanencia de los alimentos en el intestino, dado que se aumenta la absorción de nutrientes. Para que la alimentación en el embarazo sea lo más adecuada posible en el primer trimestre, se debe atender especialmente a la presencia de una serie de nutrientes, tales como las proteínas, las grasas e hidratos de carbono, los minerales, las vitaminas y la fibra. En esta primera etapa la ganancia de peso no es muy potencial, dado que el feto aún no ha crecido considerablemente.

En los dos siguientes trimestres de gestación, que conforman la segunda y tercera etapa, la alimentación en el embarazo requiere un incremento energético y calórico. Para ello, es necesario aumentar el volumen de nutrientes que aportan hidratos de carbono, como es el caso del pan, además de incrementar diariamente aquellos que aportan proteínas y, así mismo, los que proporcionan hierro. Otro aspecto a tener en cuenta para la alimentación en el embarazo, durante la segunda y tercera fase es la ingesta de yodo.

Mantener una alimentación adecuada en el embarazo supone, además, cuidar molestias propias de este período. Algunas de éstas son los típicos mareos, la sensación de náuseas y vómitos, el estreñimiento, la acidez o reflujo propios de los últimos meses de gestación, los calambres musculares y la presencia de insomnio. Estos factores pueden evitarse mediante un cuidado exhaustivo del descanso, la alimentación sana y el ejercicio apto para mujeres embarazadas. No obstante, ante cualquier tipo de problema que impida llevar a cabo un embarazo normal, es necesario recurrir a la consulta médica y/o de nutrición, siempre que sea necesario, para saber cómo ir siguiendo día a día la rutina de alimentación y acciones propias de la vida cotidiana en el embarazo.

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Uno de los alimentos en los que se hace especial énfasis, durante la alimentación en el embarazo, es el pescado. Dado su alto contenido en proteínas, y la ausencia de grasas relevantes para el desarrollo del feto, los/las especialistas en nutrición recomiendan incluir el pescado en la dieta, al menos cuatro veces por semana, para tener una correcta alimentación en el embarazo. Concretamente, el pescado de menor tamaño, así como aquel que es criado en piscifactorías o en aguas más limpias, como es el caso de los peces de río, son muy apropiados para el período de gestación, debido a su bajo contenido en mercurio.

Alimentos no permitidos en el embarazo

Existen una serie de alimentos que no son permitidos por los/las profesionales médicos, dietistas y de nutrición en el embarazo. Esta serie de alimentos pueden producir alteraciones tanto en la mujer embarazada como en el propio feto.

Los alimentos que no son permitidos en el embarazo son: las verduras crudas o mal lavadas, el pescado o marisco crudo, la sal, los embutidos, la carne cruda o poco hecha, los quesos y la leche no pasteurizados, los huevos crudos, la mayonesa casera, el café y el resto de bebidas que contengan cafeína.

Menús para embarazadas

Lo ideal para llevar a cabo una dieta sana y equilibrada para embarazadas, es planificar una serie de menús a los que poder recurrir dependiendo de la fase de embarazo.

Expertos/as en nutrición para mujeres embarazadas recomiendan, durante el primer trimestre de la gestación, comer alimentos ricos en ácido fólico, esencial para desarrollar el sistema nervioso de los/las bebés. En el segundo trimestre, los alimentos recomendados deben contener calcio y vitamina D, en considerable cantidad, para contribuir al crecimiento óseo y fortaleza de los dientes. En el caso del tercer trimestre, es positivo elaborar menús que contengan un buen aporte energético, para que las mujeres embarazadas puedan afrontar adecuadamente el cansancio propio de su última etapa gestacional.